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Ni ajeno ni lejano

“Y los desperdigó Dios por toda la faz de la tierra” Génesis, XI,9 Muchos conocen y otros tantos desconocen el destino fatal de los pueblos originarios de estas tierras: desaparecer de la tierra que por milenios les perteneciera porque la muerte en complicidad con la Historia, les impidió defenderse. No fue el clima duro… Tal vez las enfermedades contagiosas que arribaron con la civilización o alguna cacería inhumana para desalojarlos de las mejores tierras. La tristeza, el desaliento y la impotencia de reaccionar son también causas de muerte…